jueves, 24 de abril de 2008

Tibor chino.



Este fue el regalo de bodas de una vecina, nunca fue de mi gusto  pero a mi vecina siempre la he apreciado mucho y el respeto a ese sentimiento ha hecho que el tibor no se haya caído ni una vez al suelo a pesar de los años y las mudanzas. Eso sí, perdí la tapa y ha estado guardado mucho tiempo en un armario.Ahora lo he recuperado y le he dado un aire más acorde a mis gustos. Tan sencillo como cubrirlo con 3 capas de pintura con textura de arena para que tenga una apariencia más rústica y un color que encaje mejor en casa. 



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